Diario 16
2000.09.15
Ismael Serrano
El exorcista
No era tan tarde como para perder la memoria. El alcohol aún no había hecho mella en el recuerdo. "¿No te acuerdas de mí?" "No". No recordaba para nada a aquel amable tipo con aliento a whisky segoviano que me asaltaba en aquel oscuro bar. "Sí, hombre. En Bollullos de Lamitación. Diste un concierto ...". Imposible. Yo nunca había estado en aquel pueblo. Nunca canté allí. Pero aquel hombre empieza a dar detalles demasiado concisos. Hago un esfuerzo para recordar. Mi cara con la boca y los ojos muy abiertos refleja ese estúpido gesto que quiere pronunciar un sí imposible. Pero no podía ser. Ante su insistencia y sus claros y veraces detalles le doy la razón y ya de paso acepto la copa a que me invitan. Pero es imposible. Yo nunca estuve allí.
Era un claro caso de bilocación: había estado a la vez en dos lugares. Un claro expediente para Mulder y Scully. Un viaje a lo desconocido. Me vi entrevistado por Jiménez del Oso y Javier Sardá. Me vi en portadas y telediarios. Recordé entonces que algunos santos también habían tenido experiencias similares. Estuvieron en el mismo instante en dos lugares diferentes. ¿Sería yo un santo?
Al poco leo en el periódico que el Papa ha realizado un exorcismo. Nuevos fenómenos extraños. Y antes el Papa había protagonizado milagrosos eventos: conversión de Dylan, beatificación de Escrivá de Balaguer. Quizá debiera pedirle audiencia al santo padre para explicarle lo mío. Hablarle de mi santidad y de mi conversión inmediata al cristianismo. Antes tendría que aclarar algunas dudas. Tendría que preguntarle por qué en un África enferma de SIDA debo condenar el uso del preservativo o por qué Cernuda, Gil de Biedma u Oscar Wilde eran enfermos, o por qué no puede una mujer hacer con su cuerpo lo que le apetezca... Demasiadas dudas. En fin, mejor no voy al Vaticano. Además yo nunca estuve en Bollullos.